La ballena va llena

Argentina
Director:
Daniel Santoro, Juan Carlos Capurro, Pedro Roth, Juan «Tata» Cedrón, Marcelo Céspedes
Año: 2014
Duración: 82′

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El proyecto La ballena va llena es consecuente con el proceso de expansión que afecta al arte contemporáneo. Es arte expandido a una escala insólita, como para involucrar la difícil construcción de un transatlántico para 5000 pasajeros con forma de cetáceo, coronado por un mingitorio gigante que evoca aquel de Duchamp. La idea es alojar allí contingentes de inmigrantes que, en un viaje transformador, serán recogidos en sus atribulados países y transmutados en obras de arte para los museos del Primer Mundo. Proyecto difícil, pero por suerte está el colectivo Estrella del Oriente, con su bagaje artístico, conceptual, alquímico y homeopático, para otorgarle un curso navegable. El colectivo se postula a becas internacionales y reclama ese capital necesario que ciertas fundaciones de la banca global  ofrecen para financiar la creación artística. Es complicado a veces entenderse con los posibles mecenas, pero Estrella del Oriente tiene sus fundamentos, sus objetivos y sus métodos para persuadir. El proyecto incluyó durante años conferencias performáticas, muestras, una instalación, algunas piezas audiovisuales y este largometraje que Marcelo Céspedes codirige, desplegando además en pantalla una memorable performance que pone en escena su cultivada efigie de productor de pocas pulgas.  La ballena va llena retrata los avatares de esta aventura que reúne inspiración duchampiana, delirio y lucidez, crítica de arte e institucional disfrazada de ficción, todo incluido en el marco de un documental. (Eduardo A. Russo)

Pulqui un instante en la patria de la felicidad

Argentina
Director:
Alejandro Fernandez Mouján
Año: 2007
Duración: 80′

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El Pulqui fue el proyecto nacional de tener un avión de caza a reacción durante el primer gobierno de Perón. Ubicado entre el MIG-15 soviético y el F-86 Sabre estadounidense, la aeronave de la Tercera Posición sobrevolaba como símbolo de una Argentina que se soñaba entre los países más avanzados del mundo. Tras el infame bombardeo a la Plaza en el ‘55, el proyecto fue abandonado para siempre. En la obra del artista plástico Daniel Santoro, que toma la iconografía del PJ para imaginar un edén peronista, el Objeto Volador Justicialista vuelve a surcar los cielos argentinos. Santoro se propone hacer un Pulqui a escala y convoca al herrero Miguel Biancusso. La cámara de Alejandro Fernández Mouján registra el proceso creativo y utópico, siempre en diálogo con un paisaje del conurbano que lleva todas las cicatrices del desmantelamiento del Estado. El suspenso en torno al vuelo del Pulqui no opaca otras preguntas; interrogantes sobre nuestro pasado histórico, el presente del arte y el futuro de los nuevos descamisados. (Santiago González Cragnolino)

Buenos Aires, crónicas villeras

Argentina/Francia
Director:
Marcelo Cespedes – Carmen Guarini
Año: 1988
Duración: 50′
Sinopsis:

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La imagen cinematográfica, en ocasiones, no miente: 35 años atrás, la estación de ómnibus de Retiro lucía más o menos igual que ahora, no así la Villa 31, cuyo desarrollo exponencial jamás hubiera sido imaginado ni por los cineastas ni por los protagonistas de esta película. El film registra a los sobrevivientes de la política de desalojo sistemático llevada a cabo por el último régimen de facto, defendida con motivos diversos (entre ellos, erradicar la mala imagen que dejaba en los turistas que visitaban Buenos Aires). Las villas miseria, bajo esa racionalidad, eran inadmisibles. Céspedes-Guarini eligen a varios personajes que reconstruyen sus propias historias y al hacerlo labran una gran historia colectiva de desplazamientos territoriales y postergaciones económicas y educativas. La puesta en escena transmite confianza en tanto la vida doméstica y laboral de los personajes se vuelve familiar y casi íntima, como si la cámara fuera la extensión de una amistad. La indignación es compartida, y la necesidad de filmar también, como pide una mujer al comienzo, pues así se humaniza la crónica de miles de postergados de una nación, que encontraron en el Padre Mujica un aliado y en los cineastas un igual. (Roger Koza)

Hospital Borda… un llamado a la razón

Argentina
Director: Marcelo Cespedes
Año: 1986
Duración: 62’36”

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Hospital Borda, un llamado a la razón documenta distintas dimensiones del naufragio humano en un ambiente sobrecogedor: el del mayor hospital neuropsiquiátrico para adultos varones del país. No hace una crónica, sino que esboza un análisis institucional, explorando distintos ángulos de una situación lacerante. El Borda ya intentaba en esos años, de modo incipiente, desmanicomializar el tratamiento de las enfermedades mentales. Pero sus 1600 internos perseveraban en un encierro interminable que el documental expone sin estridencias, aunque la desolación invada cada una de sus escenas. El cineasta acompaña e interpela a corta distancia y no están ausentes las fricciones con el orden y el personal hospitalario, o las paradojas de un sistema que se hace laberinto sin salida. El abandono edilicio sintoniza en forma demoledora con el encierro redoblado en el interior de cada cabeza. Hospital Borda es un documental cinematográfico, planteado en las antípodas de un reportaje o informe televisivo: construye con espacio y tiempo un lugar dolorosamente opresivo, donde todo se derrumba aunque nada pase, o precisamente por eso mismo.
El documental inicia y termina con largos travellings de avance y retroceso, donde toda palabra cede ante la percepción de un mundo devastado. Más allá de las declaraciones de expertos y enfermos, se erige como otro tipo de testimonio: el de un punto de vista realizativo, ético y político. Hospital Borda, ante todo, deja constancia de su relación con el mundo filmado, su forma de documentar. (Eduardo A. Russo)

Por una tierra nuestra

Argentina
Director:
Marcelo Cespedes
Año: 1985
Duración: 23’16”

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Inesperada paradoja: los asentamientos siguen entre nosotros; ya no se hacen películas como esta (contundente y precisa, con la participación de los protagonistas y con planos trabajados que no descuidan el hecho de que se está haciendo cine). En menos de dos minutos, el diagnóstico: la desindustrialización empuja a la gente a la calle. La respuesta: tomar tierras (si son fiscales mejor), organizarse cooperativamente y luchar por un derecho tan ostensible como tener una vivienda. Céspedes escoge un caso entre tantos, que empieza en Quilmes en 1981 y termina en 1984, y simplemente documenta el trabajo, recoge el testimonio de los protagonistas y delinea su toma de conciencia. Todo esto sucede sin desmerecer la otra construcción en ciernes, la de la propia película, capaz de captar en un primer plano de la cara de un hombre su dignidad o transmitir mediante una secuencia narrativa la fuerza del trabajo conjunto. (Roger Koza)

Los Totos

Argentina
Director:
Marcelo Cespedes
Año: 1981
Duración: 21’36”

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Producida en condiciones casi marginales y premiado en diversos festivales, Los Totos es un retrato de la vida en la villa, combinando sus testimonios con una mirada solidaria con aquellos que nunca son tomados en cuenta.  La película esboza, además, un acercamiento comprensivo y analítico que años más tarde Céspedes profundizaría con Carmen Guarini en Buenos Aires, Crónicas Villeras.

Los Totos demuestra que no basta dar la voz a especialistas o concederla a sujetos marginados, y que tampoco alcanza con observar de manera presuntamente neutral. El documental abre su escucha más allá del testimonio, trasciende la conversión del sujeto filmado en informante. Captura, en cambio, esos fragmentos de vida que quedan atrapados por cámaras y micrófonos de modo intersticial.

Las declaraciones de maestras o asistentes sociales o los dichos de los adultos se yuxtaponen en Los Totos con el habla de los chicos deambulando entre las totoras, cerca de las casas o en una errancia imprecisa por un mundo que el documental hace visible y audible, explorando los márgenes sociales disimulados por la anestesia colectiva.  Hay en Los Totos un rasgo fundamental del cine de Céspedes: una dimensión de respeto en el acceso al mundo filmado, una renuncia a la explotación de las imágenes de la miseria y un reclamo de derechos que, implícitamente, dan el tono justo y su sentido a este cortometraje. (Eduardo A. Russo)