DOC BUENOS AIRES 2018

Esta nueva edición de la muestra intenta reunir un conjunto de películas que representen la situación contemporánea en el campo del cine documental sin dejar de establecer una relación con en pasado del cine. Por otro lado, nuestras convicciones son las mismas que cobijábamos unos 17 años atrás: el cine de lo real implica una relación aún más dramática con el mundo; una muestra de documentales abandona (sin desmerecer) el entretenimiento y apuesta de lleno a relacionar el cine con el conocimiento.

Tenemos, lógicamente, un film de apertura y otro de clausura. No son títulos de relleno. Más bien, evocan una época y al hacerlo permiten que reverbere un tiempo lejano en el nuestro. Segunda vez, la magnífica película de Dora García, retoma, entre otras cosas, los happenings políticos de Oscar Masotta, y con gran inmodestia muestra cómo el pasado sigue siendo, en cierta medida, parte del presente. Lo mismo podría decirse de Los fantasmas de Mayo 68, de Jean-Louis Comolli y Ginette Lavigne: ¿qué es un espectro sino aquello que se resiste a abandonar el tiempo de los vivos? La importancia de aquella época idealizada pasa por comprender lo que tiene de inconmensurable (o no) respecto de la muestra.

La programación de este año está dividida en secciones.

“La cercanía de lo real” reúne películas argentinas, y en la selección de este año muchas de ellas nos permiten pensar lo real en su extensión geográfica. Hay películas que transcurren en la Patagonia, en la Pampa, en la Mesopotamia, en Cuyo o en ciudades como Santa Fe y Córdoba. En la selección, además, contamos con dos estrenos mundiales.

“A cierta distancia. Lo real en el mundo” acopia títulos internacionales. Se ha intentado, una vez más, cubrir cinematografías, autores, temas y estéticas. Tenemos películas llegadas de Europa del Este, Asia y Latinoamérica. Hay documentales observacionales, ensayos e híbridos. Algunos títulos son conocidos, otros han sido desatendidos. La pertinencia de cada una de las películas nos resulta a nosotros evidente. Un solo film al azar de la selección dice algo del mundo y del cine, de lo que se predica una política de programación: en cada película palpita la totalidad del festival. No hay zonas de mayor importancia. No resulta muy significativo poder pasar una película como Almas muertas, de Wang Bing. El extraordinario realizador chino nos acompaña desde hace décadas, y es un poco un signo del tiempo en el que nosotros comenzamos con la muestra.

Las retrospectivas y los focos han sido siempre parte de nuestra tradición, y con esta edición la idea será radicalizar ese modelo de programación. Las retrospectivas completas de Travis Wilkerson y Aloysio Raulino son parte de ese gesto de vindicación de una forma de entendimiento de la programación y asimismo un signo de radicalización. Ambos autores tienen una relevancia indesmentible para el presente.

Wilkerson es uno de los cineastas políticos de mayor importancia en la actualidad. La contrahistoria que escenifica su cine está dirigida a la reinterpretación del presente. A su vez, Raulino revive el pasado sesentista y setentista de Latinoamérica, y ahí podemos identificar la continuidad de un destino en la historia social que nunca parece terminarse para los que padecen y resisten el peso de los desequilibrios del mundo y sus riquezas. A ellos se les suma el reconocimiento del gran Frederick Wiseman, cuyo

cine observacional, tantas veces imitado, se erige como una de las obras fundamentales de toda la historia del cine documental. Ver su ópera prima y su anteúltima película implica reunir 50 años de actividad. El otro reconocimiento recae en Andana Films, una distribuidora que ha hecho muchísimo por los autores menos conocidos y de procedencias diversas. Las tres películas que exhibimos demuestran fehacientemente el elogio que le dispensamos.

“El cine de artistas” es mucho más que una sección. Se trata más bien de un proyecto y una práctica (anual) comandados por el gran Eduardo Stupía. Aquí se ponen en juego los límites del cine y sus tradiciones, a propósito del contacto y la experimentación que pueden modificar el cine cuando son los artistas de otras disciplinas quienes piensan el registro y la puesta en escena y toman la cámara como medio de expresión.

Por último, tenemos una sección dedicada a los cortometrajes nacidos de un curso impartido por el Werner Herzog en Perú. ¿Qué hay del gran cineasta alemán en esos films breves? ¿Pueden los jóvenes estudiantes tomar algo de ese genio?

Empieza otra edición del Doc Buenos Aires. La paradoja de nuestro tiempo es que la realidad fatiga como nunca, pero el cine sobre lo real, al mismo tiempo, aliviana e inspira. Saber ver un poco más fortalece el espíritu y puede encender la rebeldía perdida.